Aliento

30 May

Randy era el más viejo de todos; tenía escamas rojas por el cuerpo y las encías negras. A los dos nos gustaba asustar a las niñas, pero a Brenda la dejábamos que nos acompañara cuando íbamos al vertedero. Cada vez que encontrábamos un cachivache, Randy nos contaba historias de otros tiempos y yo soñaba con las luces multicolores de la ciudad, al otro lado del río. Uno de esos días empezó a llover y nos ocultamos entre la chatarra antes de que la lluvia nos dibujara de rojo la piel. Allí encontramos una cabeza de mujer fabricada con metal; la cara le colgaba a jirones y tenía cables saliendo por las cuencas de sus ojos. Randy la acunó entre sus brazos: —Una vez tuve una igual —dijo—. Cuando llegaba a casa del trabajo me recibía con un beso y me servía la cena. Luego veíamos la tele acurrucados en el sofá.
Alargué la mano para tocarla pero la retiré en cuanto noté su tacto. Brenda temblaba de frío en una esquina; me senté junto a ella y la rodeé con los brazos. Me quedé dormido sintiendo su aliento cálido sobre mi cuello.

Relato seleccionado en el III certamen de relato corto… para mesilla de noche (2013): “En Marzo… 2084”.

http://estanochetecuento.blogspot.com.es/2013/03/mar121-aliento-de-samuel-osda.html

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Víspera de Reyes

21 Mar

El peor recuerdo en la infancia de Lucas fue cuando descubrió que los Reyes Magos eran los padres. La víspera de Reyes había sido algo distinta de lo habitual: sus tíos, que solían cenar con ellos, estaban pasando las navidades en Gran Canaria y la abuela Flora no había podido acudir porque estaba ingresada; según su madre, se había roto la cadera peleando por un cojín con otra señora de la residencia. Así que cenaron solos: papá, mamá, Lucas y «la tonta adoptada» como le gustaba llamar a su pequeña hermana. La madre había colocado un mantel rojo adornado con pequeños dibujos de Papá Noel y dispuesto la vajilla de porcelana y las copas de cristal heredadas de la abuela. También confeccionó un centro de mesa con algunas piñas secas y una vela fina y alargada. Lucas y su hermana —ayudados por su padre—, se habían encargado de decorar las paredes con guirnaldas y de colocar el Belén en la mesilla del salón. En el trascurso de los preparativos su hermana había perdido la figura del Niño Jesús y su padre decidió sustituirlo por una judía blanca.
—«Los Reyes se van a enfadar» —pensó Lucas—. «No es lo mismo adorar a un niño que a una judía». Así que decidió mantenerse lo más alejado posible de su hermana, no fueran que le culparan a él del desastre.
Dispusieron los entrantes y se sentaron a cenar. Había un plato enorme de jamón y otro de gambas a la plancha, además de una ensalada y canapés variados. Lucas miró con repulsión la ensalada y alargó la mano para alcanzar una de las gambas mientras con la otra cogía una loncha de jamón y se la introducía en la boca.
—¡Lucas! —gritó su madre—. Con cuidado, hijo, con cuidado.
—Deja al crío en paz y pásame el vino —dijo su padre—. ¡Oye! ¿No huele a quemado?
La madre salió corriendo a la cocina y estalló en llantos: el pollo estaba cubierto de una costra negra. Lucas no podía entender cómo se podía llorar por un pollo, aunque su madre se pasaba el día llorando por cualquier cosa. Tiraron las patatas, retiraron la piel chamuscada y se comieron lo que quedaba del pollo con una guarnición de puré de patatas y arroz.
—Dejaremos las sobras para los camellos de los Reyes —dijo su padre con una sonrisa.
Lucas no podía concebir como se le podía ocurrir semejante disparate:
—Pero, papá, si les das sobras chamuscadas, los Reyes se van a enfadar.
—Los Reyes nunca se enfadan.
—Y entonces por qué tenemos que ser buenos todo el año si no se van a enfadar.
—Hijo —dijo su padre suspirando con impaciencia—, los Reyes no se enfadan, solo castigan a los niños que hacen cosas malas trayéndoles carbón.
—Entonces a la tonta… quiero decir a mi hermana, ¿la van a castigar por haber perdido al Niño Jesús?
—¡No digas chorradas! Los Reyes no castigan a nadie por eso y se acabó la discusión.
Lucas conocía a su padre y la expresión de su cara así que guardó silencio, pero algo le decía que no podía ser verdad: «seguro que los Reyes nos dejan carbón a los dos». Decidió que no dormiría esa noche, vigilaría la llegada de los Reyes y se aseguraría de explicarles la verdad. Sí, eso haría.
Cuando llegó la hora de acostarse, Lucas ideó un plan: mientras sus padres acostaban a su hermana, él se escabulló de la habitación y se ocultó bajo las faldas de la mesa del salón. Como estaba cansado, se acurrucó y cerró los ojos, hasta que le despertaron las voces de sus padres en el salón.
—Coloca eso ahí —dijo su padre mientras se ponía de puntillas y bajaba varias cajas de regalos de la parte alta del armario.
Lucas se llevó las manos a la boca para no gritar: «son ellos, los Reyes son ellos». No podía ser verdad, como podían haberle engañado; empezó a poner en duda todo lo que le habían dicho sus padres en los últimos años.
—Me bajo a dar una vuelta —dijo el padre cuando acabaron de colocar los regalos.
—Quieres decir que vas al bar a emborracharte con esos vagos de mierda.
—Voy a tomarme una cerveza, mujer, y esos vagos de mierda son mis amigos.
—Unos inútiles que bien harían en buscarse un trabajo en lugar de esperar a que les invitaras. Te toman por idiota, eso es lo que eres, un idiota.
—Bastante más nos cuesta la residencia de tu madre, que bien podría morirse de una puta vez.
—La única puta aquí es tu secretaria. ¿O te crees que soy tan gilipollas que no sé qué te acuestas con ella?
Lucas empezó a gimotear debajo de la mesa. Su padre levantó el mantel y le descubrió acurrucado en posición fetal. Presa de un ataque de ira lo arrastró fuera de un brazo:
—Maldito crío, ¿qué haces ahí espiando? —y le golpeó en la cara con el dorso de la mano.
Su madre, atemorizada, cogió un jarrón y lo aplastó contra la cabeza de su marido. Éste se llevó la mano a la cabeza y miró con los ojos desencajados la sangre que brotaba de la herida. Furioso, empujó a su mujer contra la televisión —que se rompió con un sonido atronador en mil pedazos— y salió de la casa gritando:
—¡Zorra de mierda! ¡Me largo!
El peor día en la infancia de un niño es ese en el que descubre quienes son los Reyes Magos.

Varios autores. X Libro de Alumnos de la Escuela de Escritores: Queda la música. Madrid: 2013.

Samuel Osda

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Morochita descarada

4 Feb

Yo nací en los arrabales
y frecuentaba los bares
pa´ aliviar mi soledad.

Vos creciste en el Abasto
y como buena porteña,
la viyuya y el chamuyo
eran tu única verdad.

Eran pa´ ti las milongas
algo parecido a amar,
y el bacán un organillo
al que poder solfear.

Arqueabas una ceja
como quien levanta un puente
al paraíso terrenal,
y cuando alguno lo cruzaba
retrucabas desairada
con aires de femme fatal.

Más tus ojos me decían
que al final te rendirías
y que ansiabas un gauchito
que te supiera domar,
y templar ese carácter
retándote con unos pases
de tango en la oscuridad.

Morochita descarada
tus ojos roban mi alma
y anulan mi voluntad,
y entre tangos y milongas
caen una copa tras otra
y hoy me he vuelto a condenar.

Pero mi alma está cansada
mis espuelas desgastadas
y olvidé como caer,
de unos brazos anhelados
sin volver a hacerme daño
mejor no volverte a ver.

Y voy sembrando mi camino
con mil semillas amargas,
germinan en la distancia
lágrimas de soledad.

Mi Buenos Aires lejano
tal vez no te vuelva a ver,
ni a recordar ese perfume amargo,
porque hueles a mujer

Samuel Osda: Canciones apoemadas, 2008.

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tango

Veronica y otras mujeres inventadas

4 Feb

He navegado sin salir de esta estancia,
por mares de peltre y nitratos de plata;
y he conocido mujeres, de tinta y de hueso,
de tierras lejanas.

He conocido mujeres que cargan,
deseos en tranvías, sin fin ni parada;
vírgenes suicidas, condesas descalzas,
mujeres que pintan de blanco sus almas.

He conocido mujeres que engañan,
bellas de día y de noche casadas;
mujeres que bailan tangos en París,
mujeres que dudan si dar o recibir.

Mujeres sin dueño, mujeres sin cama,
mujeres reales aun siendo inventadas;
iconos dorados, de carne y de barro;
sirenas varadas.

He conocido locas con faldas,
mujeres que esperan al cartero con ansia;
Evas desnudas desayunan manzanas,
y visten diamantes en vez de hojas de parra.

He conocido niñas salvajes,
mujeres que fingen orgasmos en bares;
damas que pierden su honra al parchís,
mujeres que viajan con enanos de jardín.

Pero de entre todas, eres tú, Verónica,
a la que he encontrado en medio de la lluvia;
vecina de arriba, sabina raptada,
mujer con dos vidas, mujer de dos caras.
Llevas contigo un espejo de cristal:
¿qué ves en él? ¿Reflejo o realidad?

Mujeres sin dueño, mujeres sin cama,
mujeres reales aun siendo inventadas;
iconos dorados, de carne y de barro;
sirenas varadas.

Samuel Osda: Canciones apoemadas, 2008.

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veronica

Mi amada soledad

4 Feb

Soledad sin destino,
soledad encubierta;
más temida en este mundo
que la muerte o las cadenas.

Todos huyen de ti,
soledad, no te aprecian;
no es a ti a lo que temen
sino a su propia indiferencia:
a la vida sin raíles
a vivir sin etiquetas.
Soledad, yo te amo
tal cual eres, imperfecta.

Soledad sin destino,
soledad encubierta;
yo te amo en la distancia,
y te odio cuando esperas.

¿Por qué me elegiste a mí
y te enredaste entre mis penas?
Ni contigo ni sin ti,
ni rival ni compañera,
y lloras a mí lado si te engaño algunas horas
aunque vuelvo a tu regazo,
más convencido de que te amo.

Pero al fin me vengaré
el día que llegue mi hora,
en que otra dama me reclame,
y tú te quedarás sola.

Samuel Osda: Canciones apoemadas, 2008.

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ajedrez

La divina comedia

4 Feb

En la mitad de mi vida
abusé de la bebida,
la consecuencia debida:
me salí de la autovía.

Toda la vida creyendo
que la Biblia era solo un cuento,
y ahora a las puertas del cielo
con cara de arrepentimiento.

San Pedro vigila la puerta
y Judas está en la reventa,
pensando en cómo me cuelo
y va en eso y cae Dante del cielo.

Primo, no me seas primo
dijo Dante en un suspiro
y es que el cielo está llenito de malajes,
vente conmigo al infierno
tocaremos esta rumbita por los bares.

Purgatorio para mansos
paraíso de payasos,
el infierno ya no es lo que era antes
ahora mismo solo aceptan comediantes.

Y aquí tienes toda la oferta
de pecados capitales,
por cada uno que cometas
te dan vales para luego reencarnarte.

Aquello parecía Cádiz
todo el mundo tirado en la calle,
tomando chatos de vino,
tocando por alegrías los timbales.

Y en la Jaima se apostaba
a ver quién antes llegaba,
Calamaro, Fito Paez o Sabina
lo organiza todo un tal Charlie Garcia.

Tipo grosso aunque muy flaco
lleva aquí tiempo esperando,
y al demonio enloquecía,
insistía en que quería una piscina.

Y cuando llegan carnavales
vamos al cielo en procesión,
les dejamos algún cuerno
y les robamos algún que otro corazón.

Samuel Osda: Canciones apoemadas, 2008.

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comedia

Amnesia selectiva

4 Feb

Mediadores del fracaso,
mártires del diván,
aspirantes a beatos,
burladores y burlados:
yonkies de la amnesia colectiva,
enganchados a la compra compulsiva.

Consultores de pecados,
sueños de mediocridad,
vendedores de milagros,
invisibles guantes blancos:
yonkies de la amnesia selectiva,
enganchados a la farsa y la rutina.

Amnesia de los que toman Prozac,
en lugar, de lamerse las heridas;
adictos a la gomina, en Wall Street
cotiza al alza la avaricia.

Tertulianos endiosados,
Alí Babá en el dial,
anestesia y noticiarios,
fulanitas y menganos:
yonkies de la rumorología,
circo romano para audiencias dormidas.

Dictadores disfrazados,
de elegidos y mesías,
propaganda del estado,
mitología y Vaticano:
yonkies de la amnesia selectiva,
sanguijuelas, cuentacuentos y sofistas.

Amnesia de los progres de boquilla,
con cuentas abiertas en Suiza,
adictos a la doctrina: ¡menos cañones
y más mantequilla!

Yonkies de la amnesia colectiva,
enganchados a la compra compulsiva;
yonkies de la amnesia selectiva,
enganchados a la farsa y la rutina;
yonkies de la amnesia colectiva,
sanguijuelas, cuentacuentos y sofistas;
yonkies de la amnesia selectiva,
circo romano para audiencias dormidas.

Samuel Osda: Canciones apoemadas, 2008.

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amnesia

El lobo y la rosa

4 Feb

Hoy he despertado en la agonía del ocaso,
rojo, fuego y sangre nublan mi pasado;
y el velo se ha rasgado y me ha dejado recordar,
tu cuerpo sinuoso, reptando hasta mi cama.

Jugando con la muerte al ajedrez te condenaste,
pensaste que tu odio te haría invulnerable,
pero te equivocaste, pero te equivocaste,
la tormenta siempre alcanza a los cobardes.

Y debajo de tu pecho palpitante,
he oído los tambores del cadalso,
sentido el jaque de la muerte,
mientras mi vida huye hacia tus labios.

Jugando con la muerte al ajedrez te condenaste,
pensaste que tu odio te haría invulnerable,
pero te equivocaste, pero te equivocaste,
la tormenta siempre alcanza a los cobardes.

He salido a la calle y solo he visto corderos,
mezquinos y cobardes, devorándose entre ellos.
Malditos para siempre; solo para locos;
cazando por la estepa; aullándole a la luna llena.

Samuel Osda: Canciones apoemadas, 2008.

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hesse

El Sueño de Aracne

4 Feb

Niña de la alta sociedad,
gafas de pasta a modo de antifaz;
colores que disfrazan una vida gris y servil,
sonrisas dibujadas por maestros del vodevil.

Niña de la alta sociedad,
siempre la primera en ocupar su lugar;
silencios que susurran como debes vivir,
reglas no escritas que dejaron cicatriz.

Niña de la alta sociedad
tus ojos tiemblan, nadie les enseñó a llorar;
palabras que sueñan con algo que decir,
sueños que sueñan con poderse cumplir.

Y aunque maldices a las Moiras porque hilaron,
tu destino con el negro del pecado,
te enredaste en tu maraña de soberbia,
te aferraste al hilo que te ataba a ellas.

Y aunque tuviste en tu mano, el huso torneado,
con el que burlar tu sino y escribir en tu destino,
te enredaste en tu maraña de soberbia,
bailaste su son como vulgar marioneta.

Niña de la alta sociedad
aunque tenías alas no te atreviste a volar;
el tiempo ha pasado, ahora es tarde para ti
vendiste tu alma como vulgar meretriz.

Niña de la alta sociedad,
tus ojos se humedecen, aprendiste a llorar;
palabras que ya nunca tendrán nada que decir,
sueños que despertarán sin poderse cumplir.

Samuel Osda: Canciones apoemadas, 2008.

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aracne

Manicomio, dulce manicomio

4 Feb

He vuelto a atravesar
el mismo pasillo una vez más;
cada grieta en la pared
es un recuerdo de mi edad.

Llevo aquí tantos años ya
que no puedo recordar,
si me trajeron obligado
o fue por mi voluntad.

Fuera me sentía solo,
incomprendido por los demás;
aquí tengo muchos amigos,
gente auténtica de verdad.

Y aunque piensan que son otros
nunca pierden su identidad,
y aunque les tiene encerrados
aun conservan su libertad.

Dicen que estamos locos,
que nos tienen que encerrar,
pero, ¿quiénes son los locos?, dime,
¿los de aquí o los de allá?

Dicen que estamos locos
que nos tienen que encerrar,
pero, prefiero estar loco, nena,
a vivir como los demás.

Y he vuelto a escuchar
las noticias una vez más,
y siento que nada ha cambiado;
ahí fuera todo sigue igual.

Y así, cada día que pasa
añado un ladrillo más,
al muro que nos separa
del mal llamado mundo real.

Una vez al año
me viene a visitar,
unos señores de blanco
con aires de autoridad.

Y me hacen mil preguntas
y tengo que inventar,
mil y una fantasías
no me vayan a soltar.

Samuel Osda: Canciones apoemadas, 2008

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alicia